Paul Pierrilus no es el primero ni el último

El de Paul Pierrilus –un apátrida deportado por EE UU a un país que no es el suyo–, es quizás uno de los actos de violación de los Derechos Humanos más detestable del gobierno de Donald Trump.

Paul Pierrilus

Este ciudadano negro, de 40 años de edad, fue víctima de la más denigrante política migratoria que haya existido en Estados Unidos en muchos años. No solo fue deportado desde Nueva York donde residía. Pierrilus fue trasladado a Haití, un país que no conoce, porque ni siquiera nació allí y donde no tiene ni una señal que le permita identificar algún sentido de pertenencia.

Hoy, cuando Estados Unidos se halla estrenando presidente y empieza a dibujar una nueva política migratoria, este ciudadano se encuentra a la deriva, por culpa, precisamente, de un expresidente supremacista que no quiso saber nada de los inmigrantes, a no ser que fuera para deportarlos, separarlos y perseguirlos.

Una historia conmovedora

Paul Pierrilus no es estadounidense. Llegó allí cuando chico, como han llegado muchos inmigrantes que hoy esperan ser reconocidos por Joe Biden como ciudadanos de ese país que se precia de ser el más democrático del mundo.  

Fue deportado a Haití, de donde no es originario. Por lo tanto, no tiene documentos que lo identifiquen como haitiano. La única relación con el país más pobre del continente, es que sus padres son haitianos, pero nunca lo reportaron en algún consulado para que fuera reconocido como ciudadano de ese país, por ser hijo de padres nacidos en aquél país.

Pierrilus nació realmente en la parte francesa de la isla de Saint Martin, pero tampoco Francia lo ha reconocido como ciudadano.

Es Paul Pierrilus, el propio apátrida, que por ser inmigrante fue víctima de la más feroz persecución que presidente alguno de Estados Unidos haya librado contra los nacidos en otro país. Solo que este deportado ni siquiera tiene un país a donde ser devuelto, y finalmente fue traslado a Haití donde fue recibido por una aguda crisis política, económica y ahora sanitaria producto del Covid-19.

¿Y cuál es su futuro?

Nadie, ni él mismo lo sabe. Sus abogados le reclaman al gobierno haitiano el hecho de haberlo recibido como deportado, sin ser ciudadano de ese país centroamericano. Por ahora, Haití es protagonista del silencio.

Joe Biden debe saber que Pierrilus fue deportado un día antes de su toma de posesión, en un hecho que puede ser considerado casi como un acto de venganza de Donald Trump, quien pareciera que ve en los inmigrantes los culpables de que haya perdido la reelección a manos de Biden, precisamente.

Tampoco Saint Martin ha dicho nada, porque ni si quiera ha reconocido al apátrida deportado como su ciudadano.

  En el de Pierrilus, como en muchos otros casos, el silencio amenaza con ser el único acompañante de esta tragedia que resume el padecimiento de millones de migrantes en todo el planeta.       

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