También se gana en el último intento. (Julio César Blanco ganó la XXXIII Vuelta al Táchira en Bicicleta, 1998). XXXIV

Crónica tomada del libro: Vuelta al Táchira en Bicicleta. (53 Años de Historia), escrito por el periodista Misael Salazar Flórez

Solo una decisión de última hora hizo que el trujillano Julio César Blanco inscribiera su nombre junto a los demás ciclistas que engrosaron la lista de aspirantes a la trigésima tercera Vuelta al Táchira en Bicicleta disputada en 1998.

Como sucedió en otras vueltas, la última etapa de la edición del giro de 1998 fue decisiva

Tenía 31 años de edad el nacido en Valera, la capital comercial del estado Trujillo. Había corrido en 10 vueltas anteriores sin mayor figuración y en 1997 creyó que le había llegado la hora del retiro. Pensaba montar un negocio en su ciudad natal, diría Julio César Blanco y ello le «robaba» el tiempo por aquellos días.

Pero la intuición, tal vez y el ánimo que le dio el director técnico cubano Jaime Díaz, hicieron que Blanco cambiara de opinión. Si ya había hecho 10 intentos, qué importaba uno más, se dijo y colocó su nombre entre los que iban a comenzar la vuelta al Táchira en la ciudad de Maracaibo. Además, la ilusión es lo último que uno debe perder y Julio César se empeñó en reverdecer los laureles conquistados en las islas de Guadalupe y Martinica.

La victoria le sonríe temprano

Como una señal de que en 1998 todo iba a ser distinto, Julio César Blanco ganó la primera etapa de la vuelta disputad en la ciudad de Maracaibo. En la segunda etapa ganó el italiano Fulvio Frigo, quien quedó empatado con el trujillano en el liderato. Los comisarios decidieron que el italiano era el nuevo líder.

La tercera fue una fracción ganada por el barinés Hussein Monsalve, pero Blanco recuperó el liderato y lo mantuvo hasta la etapa número ocho, porque en el noveno trayecto la camiseta del más importante de la carrera pasó a manos del también lotero César Salazar.

Solo quedaba el último aliento

La última fracción de la vuelta era una etapa muy difícil que comenzaba en San Cristóbal y retornaba a la capital tachirense, pero antes los ciclistas debían ir a Peribeca, Capacho, Peracal, Las Dantas y Rubio.

En este trayecto perdió la vuelta el ruso Morozov y perdió el título Alexander Gusiatnikov, entre otros. En este trayecto muchos habían claudicado antes y en este trayecto muchos habían logrado acariciar los laureles. La vuelta de 1998 no sería la excepción.

Julio César Blanco amaneció aquel día en la tercera casilla de la clasificación general, a escasos 11 segundos del entonces líder César Salazar. Hussein Monsalve se hallaba segundo a solo 7 segundos, que era como decir, nada. En el cuarto lugar, a 20 segundos, se hallaba Hernán Darío Muñoz y a 33 segundos se ubicaba otro colombiano, César Goyeneche. En otras palabras, Julio César Blanco tenía tantas oportunidades de ganar la vuelta como de perderla y en esa misma ruleta apostaban Salazar, Monsalve, Muñoz y Goyeneche. Solo había que esperar que comenzara la última travesía.

Muy temprano, apenas saliendo de San Cristóbal, Blanco, Aldrin Salamanca y Goyeneche agarraron las de Villadiego. Por Táriba, ya Blanco era el líder y estaba convencido de que se estaba jugando la última carta que le quedaba. La escapada iba dando sus frutos y pronto la ventaja superaba los dos minutos.

…Y llegó el duelo final

Álvaro Lozano, otro de los ciclistas bien ubicados en la general, lanzó su propio ataque y pronto hizo contacto con los fugitivos. Aumentaba el número de aspirantes.

Lozano y Julio César Blanco libran desde ese momento uno de los duelos más emotivos que haya vivido la vuelta al Táchira. En los últimos 5 kilómetros de la etapa ya no había nada que hacer: Lozano y Blanco disputaban la etapa. Lozano y Blanco disputaban la vuelta.

El colombiano hizo todos los intentos posibles por sacar de rueda al venezolano, aspirante principal al título, pero no pudo. Lozano se alzó con la etapa. Blanco se coronó campeón de la vuelta después de 11 intentos y cuando ya había anunciado el retiro de la actividad ciclística.

Como era obvio, la alegría era inmensa, es decir, proporcional al esfuerzo que había hecho el valerano en la última etapa de la memorable vuelta. Le dedicó el triunfo a los tachirenses y se lo dedicó al técnico cubano Jaime Díaz. Al fin y al cabo, fue Díaz quien lo animó a seguir montado en la bicicleta porque ya estaba a punto de desmontarse cuando lo convencieron de que hiciera el último intento. Y al último intento le sonrió la victoria.

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