MIGRADIARIO. El diario de una venezolana que emigró a Lima cuando su país la dejó sin futuro

María Fernanda Zambrano es del estado Táchira, en la frontera con Colombia. Tuvo que dejar su familia, la universidad, la posibilidad de obtener un título universitario, sus amistades. El hambre acosaba a su familia y se marchó a Lima antes que fuera demasiado tarde. Hoy siente que ha nacido de nuevo. 

María Fernanda Zambrano y su hermana se marcharon a Lima en 2018

Misael Salazar F.

Las oraciones le alcanzaron a María Fernanda Zambrano para 365 días.

Durante este tiempo, oraba y pensaba en emigrar de San Cristóbal (Venezuela), rumbo a Lima. Y en enero de 2018,  cuando sintió que Dios estaba listo para acompañarla, emprendió viaje junto a su hermana y un amigo.

Era la primera vez que salía de su país sin saber cuándo podría regresar. Quizás no estaba preparada para tamaño compromiso, pero cuando llegaba la hora del almuerzo y veía que la comida en su casa alcanzaba cada día menos, sentía que no podía posponer el viaje.

Era una especie de carrera contra el hambre. Estudiaba sexto semestre de Informática en la Universidad del Táchira (UNET), de manera que no solo debía dejar su familia, sino la universidad y con ello la posibilidad de hacerse profesional.

Por estos y otros motivos, María Fernanda Zambrano lloró todo el trayecto que duró el autobús cruzando Colombia de Norte a Sur, hasta hallarse en la frontera con Ecuador.

Tuvo que echarse la vergüenza a la espalda, cuando, ya en Lima, no consiguió otro trabajo y se dedicó a vender tizana aprovechando que el papa Francisco se hallaba en la capital peruana. “Se me botaba la tizana –cuenta en su Migradiario–.  La gente me miraba de forma extraña. Sabía que era migrante recién llegada, pero no tenía otra opción. Arrugué la cara y seguí vendiendo hasta acabar con todo lo que llevaba.  Fue mi primer trabajo como migrante y mi primer trabajo en toda mi vida”.

Cuando la tachirense María Fernanda Zambrano logró comprar una cocinita con una bombona de gas, sintió una inmensa alegría. De ahí en adelante fue celebrando en silencio cada logro y hubo oportunidades en que no sabía si llorar por nostalgia o por la alegría de sentir que iba avanzando en su nueva vida como migrante, en un país culturalmente distinto al que debió abandonar, asfixiada por la necesidad de contribuir con su familia.

Así, a punta de alegrías y angustias, que lograba celebrar o calmar con el llanto, María Fernanda escribió su Migradiario, donde resume lo que ha sido su vida durante los últimos tres años en un país que no es el suyo, porque el suyo le quitó todas las oportunidades de un momento a otro. De aquí en adelante, ella misma narra su experiencia en el Diario donde cuenta su vida como migrante.     

DÍA1: El primer día fuera de mi país

“La belleza de emigrar está en esas líneas torcidas que dibujan la vida, porque cuando eso sucede, la única opción es sentir que todo tiene un sentido. Ese sentido se llama FE…”

La familia que tuvo que dejar María Fernanda

     El 12 de enero del 2018 decidí emprender un largo viaje de 4 días por autobús a Perú. Nunca había ido tan lejos y menos en esa modalidad. Tenía temor al no saber con qué me iba a encontrar pasando cada frontera y estando de un autobús en otro. Iba con mi hermana y un amigo, pero él continuaba rumbo a otro país.

     El dolor de dejar mi hogar estaba ahí. Era imposible no llorar y, de hecho, lloré todo el camino mientras cruzaba Colombia. Pero ya no había vuelta atrás, debía continuar, entendiendo que iba a un país totalmente diferente y que, literalmente, debía nacer de nuevo.

DÍA 2. Mi primer día en un nuevo país

      El 15 de enero por fin llegamos a la frontera de Ecuador con Perú. Al parecer ya lo más difícil había pasado. Solo faltaba tomar un bus que nos llevara hasta Lima, a donde llegaríamos en un día, aproximadamente. Allí íbamos a residir. Por ahorrar tiempo y dinero decidimos hacer escala en Piura. Por la hora, ya no había autobuses. La única opción que nos quedaba era ir en una camioneta. En el trayecto, un camión por poco nos atropella. Gracias a Dios y al chofer, esquivamos el camión.  Por poco nos borra del mapa.

Mi hermana y yo íbamos en los puestos de adelante y de verdad tuvimos la sensación de haber chocado. Todo lo vivimos tan de cerca… Luego del mega susto y con los nervios de punta, debíamos continuar. Prometieron dejarnos en un terminal para tomar el siguiente bus, pero no fue así. Nos dejaron botados en algún lugar desconocido para nosotras. Como pudimos, tomamos un taxi y logramos llegar al terminal.

       Más allá de los paisajes, más allá de si había mucha tierra o muchos lugares bonitos, era el hecho de pensar en si de verdad valía la pena haberlo dejado todo, algunas cosas a medio realizar y otras ya realizadas por completo, pero como había dicho desde un principio, ya no había vuelta atrás: La única opción era sentir que todo tenía un sentido.

     Por fin llegamos a Lima. Este último, fue el trayecto más difícil de todos. Debíamos tomar un taxi para llegar al departamento donde nos iba a recibir un vecino y amigo de la familia. Por cierto, nos cobró 3 o 4 veces más de lo que vale una carrera en esa distancia. Lo único que queríamos era bañarnos, descansar al menos un par de horas, salir a conocer y de una vez a buscar trabajo, pues solo nos alojaban por un tiempo y el dinero que nos quedaba era para solventar la comida de algunos pocos días.

     En ese entonces solo pensaba en que máximo iba a estar un año fuera de mi país y luego me devolvería a Venezuela.  Ha sido un proceso tan difícil, pero al mismo tiempo de un crecimiento personal increíble, que hoy puedo decir que todo ha valido la pena.

DÍA 3. El motor que me impulsa a seguir adelante

    Estuve un año orando y haciendo lo que me correspondía en cuanto a tener el pasaporte vigente, algo de dinero y otras cosas más para así poder tomar la decisión de emigrar. En mi casa las cosas no estaban nada fáciles. Vivíamos una crisis económica sumamente fuerte, al punto de sólo comer una vez al día (solo arroz y plátano) y eso me hacía sentir en un laberinto sin salida. Sentía que estaba atada de manos y que debía hacer algo más por mí y por los que tanto amo. Lo que me frenaba, aparte de dejar a mi familia, era el no poder terminar mi carrera universitaria, pero la situación era insostenible y debía salir.

     Mi único trabajo en Venezuela era estudiar. Sinceramente no tenía ninguna experiencia laboral y eso me aterraba aún más. ¿Qué iba a colocar en un Currículum Vitae, cuando me lo pidieran? Algo que había aprendido era a decir, sí lo sé hacer, aunque no supiera nada y allí buscar por cualquier medio la manera de aprender».

   El motor que me mantiene impulsada definitivamente es mi familia y el querer mostrar cada día un crecimiento humano por y para mí, aportando algo bueno a la sociedad.

Emigré, para, aunque suene loco, poder comer al menos 4 veces al día como normalmente se hacía en Venezuela.

Para ganar mi propio dinero y no solo eso, sino que este alcanzara para lo básico y algo más.

Para ir al supermercado y poder escoger lo que quisiera y la cantidad que deseara.

Para ayudar económicamente a mi familia.

Para terminar mi carrera universitaria, aunque es algo que tengo pendiente. Y, aunque al parecer se ve muy lejos, seguiré luchando para ello. Después, desarrollarme profesionalmente.

Para cumplir mis sueños sin temor a que un gobierno los ponga en pausa.

Para no tener temor de salir y que me pudieran robar, incluso matar por algún artefacto.

      Aunque la nostalgia siempre aparece, aunque pase por tiempos difíciles y quiera dejar todo botado, una forma de motivarme es recordar para qué realmente emigré, entendiendo que las tormentas siempre van a estar y lo que estas logran hacer para tu crecimiento definitivamente es lo más motivador. Más allá de lo poco o mucho que pueda aportarle financieramente a mi familia, es poner en práctica cada valor y cada ejemplo que me han enseñado. Lo que más ansío es, bien acá o en otro país, una estabilidad en todos los aspectos de mi vida, siempre colocando a Dios en primer lugar, para lograr ver materializado aquello que he soñado.

DÍA 4. ¿Cómo empecé a construir mi nueva vida?

     Ya se acababa el tiempo que teníamos en el departamento donde nos habían recibido y debíamos buscar a dónde mudarnos. Gracias a Dios, mi hermana había encontrado un trabajo estable al día siguiente de haber llegado. Buscábamos una habitación cerca de la zona donde habíamos llegado y la encontramos. Era mediana, entraba el colchón y allí podíamos colocar una cocinita, una mesita y entraban unos muebles que la dueña de la casa nos había prestado. Así empezamos, mi hermana y yo, a construir una nueva vida, un nuevo hogar. Teníamos pocas cosas. Podíamos estar por un tiempo tranquilas allí, aunque la habitación quedaba en el segundo piso de la casa y el baño y el lavaplatos se hallaba en el primer piso. Cuando cocinábamos, teníamos que subir agua. Y cuando terminábamos de comer, teníamos que bajar a lavar los platos. Era algo incómodo, pero éramos felices y estábamos agradecidas, pues era nuestro espacio.

Contra su inexperiencia laboral también tuvo que luchar María Fernanda

      Duré un día más buscando trabajo y no encontraba, así que decidí salir a la calle a vender tizana, aprovechando que en esos días estaba el papa en Lima y yo estaba cerca de una de las avenidas por donde iba a pasar. Me prestaron lo necesario y me fui a vender. No sabía cómo hacerlo. Tenía pena y miedo, pero debía armarme de valor y salir. El primer día se me regaba la tizana. Las miradas de algunas personas no eran nada agradables y sus comentarios mucho menos. Pero en mi emoción por estar vendiendo y generando una entrada de dinero, no le presté atención y seguí hasta que vendí todo lo que había hecho. Fue, gracias a Dios, todo un éxito mi primer día vendiendo. Luego fui a una cevichera donde tendría la oportunidad de trabajar como mesonera. Aunque iba con toda la disposición de aprender, no fue un buen día pues no sabía el nombre de algunos ingredientes y no había alguien que me orientara. Solo me dieron la oportunidad de trabajar ese día. Pero al menos me pagaron   y con eso podíamos hacer mercado para una semana. Empezaba a preocuparme el hecho de no tener experiencia laboral. Me afectaba de gran manera, pero igual tenía fe de que iba a encontrar algo y así fue. Comencé a laborar en una guardería que me proporcionó un crecimiento increíble en todos los sentidos. Cuidar vidas inocentes y tener la oportunidad de enseñarles, era maravilloso.

    Para ese momento estaba pasando por un montón de emociones. No había día en que no llorara y así estuve como por 3 meses. Fueron meses a nivel emocional bastante difíciles. La verdad, no venía con la intención de hacer amigos. Una de mis mejores amigas ya estaba acá y eso me daba tranquilidad de alguna u otra forma, así que para ese entonces no quería hacer amistades. Pensaba que, si tenía nuevas amistades, luego debía irme e iba a sentir otra vez el gran dolor de la despedida. Sí, era tonto. En la guardería me había cruzado con grandes personas. Unos meses más tarde me encontré con la que hoy es como otra hermana y lo digo con toda seguridad, porque ha sido una amiga en todo el sentido de la palabra. Con ella, en un año y algunos meses, habíamos pasado por tantos momentos, que hasta llegué a pensar que la conozco de toda la vida. Hemos intercambiado culturalmente muchísimas cosas, fue mi primera amiga y ahora es como mi hermana, su amistad ha sido un regalo.

El primer logro por el que sentí que había valido la pena emigrar, fue encontrar un trabajo estable, aun sin tener alguna experiencia previa y desde el primer mes, ayudar económicamente a mi familia.

DÍA 5. Lo que más me ha costado como migrante

    El momento más difícil en este nuevo tiempo fue el accidente que sufrió mi hermana. Un carro la atropelló y fueron días muy difíciles. No estaba papá ni mamá, solo nos teníamos a nosotras. Gracias a Dios mi hermana no tuvo fracturas ni otras complicaciones graves, pero el golpe emocional que vivimos fue muy fuerte. Ella, con collarín, dolores que aparecían cada día y sin saber si por dentro había algún daño. Yo, pensando cómo actuar en un momento así. Me llamaban por un lado y por otro para firmar, para colocar la denuncia, para llegar a un acuerdo con el señor del accidente, fueron días muy difíciles. Jamás imaginamos que tendríamos que pasar por un momento así y aunque suene loco, me ayudó a crecer un poco más. En ese momento también fuimos muy agradecidas porque tuvimos el apoyo de personas increíbles y lo que para ese entonces fue un momento muy difícil, nos dejó una gran enseñanza.

       Nunca pensé que aguantaría tanto tiempo fuera de la comodidad de estar en casa, aun sabiendo que la situación que vivíamos no era la mejor. Pero hoy siento que lo estoy logrando. Aunque aún me falta aceptar muchas cosas para seguir creciendo, soy muy feliz con lo que hoy soy a nivel personal. En cuanto a cosas materiales, puede que no tenga todo lo que quizás haya planeado para este tiempo. Sin embargo, también soy feliz con lo que tengo, desde tener un par de medias, hasta una nevera u otra cosa, ha sido muy gratificante.

      Mi mayor obstáculo ha sido mi inseguridad a la hora de tomar algunas decisiones. Me cuesta en muchos momentos salir de mi zona de confort, pero la manera en que he superado este y cada uno de los obstáculos que se me han presentado, es reconociendo que hay alguien en control de toda mi vida y ha sido Dios. Refugiarme en su amor y en su palabra, ha sido mi sustento cada día.

DÍA 6. Mis 10 logros más importantes

Hasta antes de la pandemia, María Fernanda trabajaba en una guardería en Lima. Cuando todo pase, no sabe qué hará

     Un logro personal, generalmente, comienza con un interés que se tiene respecto de algo, entonces, se destinarán todos los esfuerzos, tanto físicos como psíquicos, que se dispongan al alcance para conseguir satisfacerlo y hacerlo realidad…aunque quizás no he logrado ni la mitad de lo que tenía planeado, agradezco mucho lo que a nivel personal he conseguido:

1. Encontrar amistades que valen oro

2. Descubrir habilidades y capacidades que no conocía

3. Tener una experiencia laboral

4. Trabajar en una guardería cuidando de vidas (el mejor primer «trabajo» definitivamente)

5. Ayudar económicamente a mi familia

6. Aprender cómo actuar en una situación difícil sin papá y sin mamá

7. Tener mis papeles al día

8. Con ayuda de Dios, salir de mis bajones emocionales

9. Hacer una página web para la guardería

10. Aprender a cocinar (la cuarentena me está enseñando)

 Lo primero que me emocionó comprar fue una cocinita con dos hornillas y su bombona de gas.

     Uno de los momentos más emocionantes en mi estadía acá, en Lima, fue el nombramiento de mi amiga. Aunque no fue un logro mío, lo sentí así…El que mi hermana encontrará un trabajo en su rama, cantar y tocar para los niños de la guardería en varias oportunidades.

Lo que me gusta más de este nuevo lugar, definitivamente, son los parques, tiene una gran variedad y una vista al mar maravillosa.

DÍA7. Esta es mi mejor versión

A pesar de todo, María Fernanda Zambrano cree que ha valido la pena su experiencia como migrante

   Ha sido gratificante poder recordar todo lo que he pasado en este tiempo y más allá de que puedan pensar «uy qué duro» o «qué difícil» u otros pensamientos… sé que son experiencias muy personales. Hay personas que prefieren no hablar nada, hay personas que no les gusta leer este tipo de cosas y es totalmente válido. Más, sin embargo, a mí me gusta de alguna u otra forma exponer algunos momentos que he pasado, que me han marcado y al mismo tiempo reconocer lo que he aprendido. Ha sido un tiempo increíble. Aún no sé cuándo vuelva a mi hogar o más bien, al lugar donde viví gran parte de mi vida, ese que me vio nacer. Lo que sí sé, es que volver a nacer o volver a empezar no está mal y a veces es necesario.

Descubrí 3 cosas súper importantes:

1. Que no era tan dura como quería mostrarme y la sensibilidad que puedo tener por aquello que un día no valoraba.

2. El regalo más importante que Dios me ha dado son las personas y aunque algunas puedan herirte, hay que prestar mucha atención a aquellas que son una luz de esperanza en tiempos de oscuridad y tienen una palabra de aliento para estos tiempos.

3. Que el tiempo no determina nada, este no para y hay que aprovecharlo al máximo, pues no sabemos qué pueda pasar mañana.

La capacidad que más he desarrollado es aprender a afrontar una situación delicada y en la que la mejor opción es tirarse a llorar (y aunque si me tiro a llorar), es el poder secar estas lágrimas y decir: Esto también va a pasar, por ahora debo levantarme y seguir.

    Lo más valiente que hice y sigo haciendo es levantarme aún en los días en los que no sé si de verdad valga la pena haberlo dejado todo. Esos días en los que el mañana parece tan incierto, pero en el que Dios me da la fortaleza para continuar.

      Seguir colocando mi esperanza y mi confianza en Dios ha sido la clave para ser resiliente. Creo que, sin Él, nada fuese posible. «La belleza de emigrar va más allá de lo que a primera impresión se percibe es ese lienzo en blanco, sostenido por un atril de miedos que se posa sobre un país nuevo, y tras cada experiencia esconde matices que van dando forma a lo que imaginaste en sueños».

3 comments on “MIGRADIARIO. El diario de una venezolana que emigró a Lima cuando su país la dejó sin futuro

  1. Nathaly Meneses

    Leí cada una de sus líneas, cuanto esfuerzo y valoración hacia la autora, definitavemente emigrar es cosa de valientes y de personas guerreras, mi admiración por ti María Fernanda, eres la mejor.

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  2. MENESES TINEO NATHALY MAYLEE

    Toda mi admiración para la autora, no es fácil salir de tu país y dejar a tu familia. En cada una de sus líneas relato a la perfección sus sentimientos en esos momentos, eres grande María Fernanda. Los éxitos llegarán a tu vida, adelante y que sigan los ánimos.

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  3. Richard

    Excelente narración, tengo el agrado de conocerla y es una persona que tiene luz propia y estoy seguro que alcanzará sus metas. La lucha siempre es dura, sino no se llamaría así, pero lo más importante es hacer nuestro mayor esfuerzo, en cada derrota sabrás que lo diste todo y aún así no fue suficiente por lo que tienes que hacerlo mejor y en cada logro sabrás de lo que ya eres capaz y te dará la satisfacción personal de saber que cada día estas un paso adelante. Éxitos

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