El Turno de Duaxt Hernández. (XIV. Vuelta al Táchira en Bicicleta, 1979) XIX

Crónica tomada del libro: Vuelta al Táchira en Bicicleta. (53 Años de Historia), escrito por el periodista Misael Salazar Flórez.

La de 1979 fue una vuelta casi trágica. Colombia se ausenta de la competencia luego de 13 años de participaciones ininterrumpidas que le dieron mucho brillo a la carrera. Nicolás Reidtler también tuvo que retirase del ciclismo producto de un absurdo accidente cuando aún se hallaba en su gran momento deportivo. El argentino Antonio Matecevatch sufrió una conmoción cerebral antes de la etapa Tovar-La Grita y se tuvo que quedar en el hospital mientras la caravana continuaba. Y en el descenso de Mérida a Puente Real, Duaxt Hernández sufrió una caída y por poco se va al barranco. «El Flaco» se levantó y continuó la carrera a fuerza de coraje y valentía.

Colombia se ausenta de la vuelta luego de 13 años de participación ininterrumpida

Al igual que la anterior, esta fue una vuelta de muchas sorpresas. Efraín Rodríguez, el campeón del año anterior, no estuvo a la altura para defender el título que había alcanzado. Fernando Fontes, el campeón del año 1975 y 1976, ya em­ pezaba a dar señales de que sus mejores tiempos habían pasado. Con Colombia ausente, no aparecía un claro favorito entre todos los 7 equipos extranjeros y los 12 equipos venezolanos inscritos. Las etapas y el tiempo se encargarían de ir despejando la incógnita.

La hora de «El Flaco»

Entre las filas de la Lotería del Táchira se hallaba un hombre de no mucho cartel, pero sí de mucho coraje y mucha constancia. Apenas se había ubicado séptimo en la Vuelta al Táchira de 1975 y noveno en la Vuelta al Táchira de 1977. En algunas circunstancias había oficiado como un buen gregario, más no era un corredor de condiciones excepcionales, pero parecía que le había llegado la hora: se trataba de José Duaxt Hernández. Era espigado, razón por la cual le decían «El Flaco».

En la primera etapa de la vuelta se ubicó séptimo, detrás de José Castellanos (Martel «A»), el ganador del circuito. En la segunda etapa, disputada entre Rubio y Santa Bárbara, cruzó la meta en el puesto 11 y ello le valió la segunda casilla en la clasificación general, después del italiano Davide Pollyo.

En la cuarta etapa, un circuito cerrado en la ciudad de Barinas que ganó el polaco Ryszard Szurkowsky, Duaxt Hernández arribó perdido en la distancia y fue a parar a la casilla 27 de la general. En el sexto tramo, entre Guanare y Barquisimeto, donde ganó Jesús Torres y donde el tachirense Luis Vivas se coloca la camiseta de líder, «El Flaco» inicia la recuperación para ubicarse 12 en la lista donde figuran los más importantes de la carrera.

Alguien salvó al futuro campeón

La suerte le jugó una mala pasada al lotero Duaxt Hernández en el octavo trayecto, entre Mérida y Tovar. Cuando de Mérida descendían por Puente Real, «El Flaco» se cae de la bicicleta. La máquina queda en el filo del barranco y el ciclista estuvo a punto de rodar por el precipicio. Se levantó, como les corresponde a los valientes y continuó la marcha.

A medida que se pronunciaba el ascenso rumbo a la Sultana del Mocotíes, pasó a Fernando Fontes. «El Catire» escribía los últimos capítulos de su brillante carrera deportiva. Se fue «El Flaco» en busca de los rusos Okelelov y Gubaldulin, quienes se hallaban en la punta de la carrera. Ya no había oportunidad para ganar la etapa porque los rusos se hallaban en las propias calles de Tovar. El lotero llegó tercero y avanzó hasta la octava posición en la general.

José Duaxt Hernández también ganó la Vuelta al Táchira en la última etapa

En el noveno tramo, antes de salir de Tovar rumbo a La Grita, el argentino Matecevatch sufre una conmoción cerebral. Los médicos ordenan su retiro de la prueba. Hubiera sido quizás la más brillante actuación de los argentinos en la vuelta, porque Matecevatch se hallaba segundo en la general. Como el gaucho se queda en el hospital de Tovar, nos queda el espacio libre para la especulación y el arte de las suposiciones.

El caso es que después de La Grita, José Duaxt Hernández se coloca cuarto en la general. Apenas lo separan 48 segundos del líder Arcadio Méndez, quien había ganado en La Grita, desplazando a Luis Vivas del primer lugar de la general.

Duaxt le apuesta a la gloria

Quedaba solo el último capítulo de la Vuelta al Táchira de 1979 y había que descender desde La Grita hasta San Cristóbal. Arcadio Méndez -ya lo dijimos–, era el líder de la carrera. Víctor Okelelov, el soviético, ocupaba el segundo puesto. Mario Medina era tercero y José Duaxt Hernández era cuarto. Entre ellos la diferencia no superaba los 50 segundos, de manera que era fácil suponer que la última etapa iba a ser de infarto.

Cuando se acerca el ascenso a Blanquizal, Duaxt Hernández entiende que ha llegado su momento. Al fin y al cabo, la vuelta estaba agonizando. Solo le quedaban al «Flaco» tres escenarios posibles: quedar de cuarto en la general, intentar de una vez por todas la gloria o no quedar de nada. Optó por apostar le a la gloria.

En su huida, donde echó todo lo que tenía, se llevó al ruso Gubaldulin. Por Zorca le dijeron que ya le había sacado 35 segundos al líder Arcadio Méndez y al otro ruso, Víctor Okelelov. Por El Mirador ya había descontado los 48 segundos y era el líder en carretera. Lo acompañaban Carlos Alba, Juan Arroyo y Gubaldulín.

En La Redoma de El Educador, Duaxt Hernández sintió que cada aplauso y cada grito de los aficionados era como una palmada y un empujón hacia el título. El óvalo de Pueblo Nuevo estaba a reventar y ello le permitió soñar con el momento de la gloria. Todo había valido la pena, la caída en Mérida, el retraso al puesto 27 en la general, el puesto 12 luego, el puesto ocho más tarde, el puesto cuarto al final de la carrera y ahora el título que tanto había soñado. Era cierto el momento de la emoción definitiva. Ya no era séptimo, como en 1975. Ya no era noveno como en 1977. Ahora era el número uno, el líder, el campeón de la Vuelta al Táchira. Sintió que los aplausos le pertenecían.

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