Debemos hacer un alto en el camino. Una de las móviles de Ecos del Torbes se quedó muda

En homenaje a una de las grandes y alegres voces del ciclismo, tan tachirense que por poco nace en el ombligo de esta tierra.

Misael Salazar F.

Desde el control máster de Ecos del Torbes, anunciamos que tenemos que hacer un alto en el camino.

A la orilla de la carretera que conduce a los infinitos recuerdos, se halla detenido uno de los ecomóviles. Ha sufrido un percance: Se ha quedado mudo.

Pero no es por falta de energía eléctrica, porque ya el ecomóvil se había acostumbrado a rodar a tientas. Ya conocía las alegres carreteras de Venezuela, siempre cargadas de tanta humanidad que acompaña la vuelta. Tampoco es por un desperfecto mecánico. Es que apenas tiene comentarista y conductor. Se quedó sin narrador el ecomóvil.

El conductor no tiene alientos para continuar la marcha. Y al comentarista se le arrugó el alma cuando la escotilla se quedó vacía.

Ya no tendremos quién le cante a la Perla del Mocotíes ni a la del Torbes. Ni quien salude al Santo Cristo milagroso desde La Quinta o Seboruquito lindo, anunciando que nos acercamos a la Ciudad del Espíritu Santo de La Grita.

Ya no sabremos cuando la caravana se acerque hasta el parque Glorias Patrias de la siempre amable Ciudad de los Caballeros. Ni cuando ruede presurosa hacia Santa Bárbara de Barinas o Barinitas o Santo Domingo o la Laguna de Mucubají.

Los campesinos que salían a la vera del sendero para saludar el esfuerzo de los pedalistas, no tendrán quién los salude desde arriba, desde donde se divisa el panorama y desde donde la voz del ecomovil cantaba las glorias de los pedalistas y acompañaba con su verbo el drama de los valientes ruteros.

¿Y quién con “flores“ que, salían del alma, saludará a las muchachas que entregaban flores a la multicolor rodante que adornaba el paisaje por donde transitaba la vuelta que nos hizo grandes hasta por allá en la estepa siberiana?

El piñón de la bicicleta tampoco funciona. Y no tiene sentido que lo haga, porque los pedalistas no tienen alientos ni ánimo para continuar la travesía. Ya no tiene sentido la gloria, porque la gloria es huérfana si no hay quien la narre, la describa, la cante. No tenemos la culpa. El ecomovil se ha quedado mudo.

No tenemos quién reciba el cambio y le recuerde al mundo que en el Táchira hicimos la vuelta más grande y que la vuelta más grande nos trajo el Mundial de Ciclismo, el mayor evento deportivo que Venezuela tuvo el honor de organizar.

Ahora nos preguntan quién dará el cambio y quien lo recibirá desde el ecomovil. Y quién cantará las alabanzas a esa especie de jauría que corre en fila india por la cinta asfáltica abriendo caminos a punta de pedalear con fuerza, sabiendo que los honores alcanzan para muy pocos y que la mayoría de los integrantes de la caravana se queda con el recuerdo de haber jugado sus cartas apostando a una bicicleta que empuja con el músculo, pero más con el alma agarrada a los manubrios.

¿Ahora entienden por qué el ecomovil se quedó a la vera del camino? ¿Ahora entienden por qué el máster de Ecos de Torbes tuvo que detener las transmisiones?

¿Quién le dará el pase a Luis Alfonso Ramírez? ¿Quién le entregará el turno al “Guillo” Villamizar? ¿Quién le abrirá las puertas a Iván Alirio Ramírez? ¿Quién le dará espacio a las nuevas voces del ciclismo para que la vuelta tenga quien la narre? ¿Quién, quién nos despedirá el año cuando el recordado 2.020 esté a punto de marchitarse y quién nos recordará un año que vendrá para comenzar de nuevo?

Por ahora no lo sabemos. Lo único que sabemos es que una de las móviles de Ecos del Torbes de quedó muda. La única certeza que nos acompaña, es que la caravana multicolor también se quedó detenida a un costado del camino. Trata de tomar aire en la montaña tachirense. Trata de asimilar el silencio que nos dejó el ecomovil cuando se quedó sin garganta.

Nadie va a correr en busca de la gloria, porque nadie persigue la gloria con el alma acongojada y cubierta de nostalgia.       

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