Calgary (Canadá) vista por una inmigrante venezolana

Carmen Sofía de La Torre es periodista y docente universitaria jubilada, de la Universidad de Los Andes (ULA) en Venezuela. A medida que se fueron achicando los espacios en su Venezuela natal, se marchó a Calgary (Canadá). Como muchos venezolanos, ha conocido los beneficios y las penurias de lo que significa ser migrante. Su experiencia es relatada en este trabajo periodístico de su puño y letra.

Periodista y docente universitaria, Carmen Sofía de La Torre

Carmen Sofía de La Torre

Corresponsal en Canadá

Las Cuatro Fases de mi Vida en Calgary

Crónica de una experiencia de Inmigración

Cuando mi querido colega Misael Salazar me propuso participar en su nuevo proyecto sobre cómo los inmigrantes conciben, definen y describen su experiencia en otra sociedad, distinta a la suya, confieso que la cabeza comenzó a darme vueltas. Le dije que sí, pero francamente me sentía perdida. Compromiso es compromiso, por eso, comencé a darle forma a este texto, cuyo siguiente párrafo me sirvió para inspirarme en el resto.

En la tercera o cuarta sesión de clases, Marta, mi primera profesora de inglés, inmigrante de Polonia preguntó al grupo qué pretendía hacer luego de pasar por el idioma. Todos respondimos trabajar. Entonces, ella decidió mostrarnos cómo preparar una entrevista de trabajo, utilizando para ello la dramatización. Lo primero que ustedes van a   enfatizar son sus fortalezas concretas “hard skills” para ejecutar, por ejemplo un trabajo con el procesador Word, en otras palabras, uso del teclado, palabras por minuto, cómo guardar un archivo, como nombrarlo, cómo insertar una cita, como imprimir, … .). En segundo lugar, van a destacar las características de su personalidad (temperamento, facilidad para trabajar en equipo o independiente, colaboración, tolerancia, deseos de aprender, entre otros), que implican el más alto porcentaje de evaluación en la entrevista). Finalmente, y no por ello lo menos importante, van a resaltar su condición como inmigrantes. En otras palabras, van a sellar su entrevista con una frase como ésta: “I am an immigrant and as an immigrant, I have to start from zero. Therefore, I am ready to do and learn all that is important to survive and begin a new chapter in my life”.

 Fase I El Enamoramiento

Mi Primera Impresión de Calgary

 Lunes 27 de Junio de 2016, cerca de la 1:00 pm. Desde la ventanilla del avión, me recreo ante la vista panorámica de un inmenso valle salteado de colinas, de caminos largos y de pequeños bosques de pinos. De vez en cuando, como en las películas, aparecen, de lado y lado de la vía plantaciones desconocidas para mí, rebaños de ganado y casitas de madera de dos pisos, bordeadas de rollos de paja. Estamos en pleno solsticio de verano, con una temperatura media de 25 grados. Desde allá arriba, pienso en lo inimaginable que otrora fuese venir a Calgary, una ciudad de hielo que había visto en la tele y cuyo nombre quedó grabado en mi mente luego de aquellas espectaculares  XV Olimpíadas de Invierno  en 1988.

En uno de los parques favoritos de Calgary

Recordaba también cuando mi hermana me llamó para decirme: “me mudo a Calgary”. Creo que le respondí: ¡¡¡Dios mío!!! Entonces, sólo volveré a verte cuando vengas a Venezuela. Eso está en el lejano oeste.  ¡Aunque fuera de mis posibilidades, sentía a Montreal muy cerca, relativamente!.

Pero, “…la vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida”…,  como “Pedro Navaja”, la canción de Rubén Blades,  heme aquí en una ciudad de horizontes interminables.

La Naturaleza y su Significado para mí en Calgary

El 28 de junio de 2019, un día luego de haber llegado a la ciudad,  Carolina me llevó a visitar varios parques, en especial  uno que para mí es mágico, el “River Front” que atraviesa el centro de la ciudad, parte del noreste y noroeste , y por dónde ondula el “Bow River”, cuyas aguas son fuente de vida para los verdes pastos, jardines públicos y fauna de la ciudad. Allí quedé extasiada con los pajaritos, los conejos y las familias de paticos en el agua.  Esta visita me permitió la primera y más decisiva conexión con el aire, con el fuego, con el agua y con la tierra de Calgary. Asimismo, pude entrar en la corriente de agua, comenzando el solsticio de verano, cosa que acostumbro todos los 24 de junio, Día de San Juan. Dos días después,  cerca de las nueve de la noche,  la acompañé a buscar a mi sobrina en el trabajo.  ¡Sorpresa!  En la calle, tipo vereda,  bordeada del lado izquierdo por un valle con pequeñas colinas, un par de venados  ¡Qué preciosidad!

Calgary es una ciudad en perfecta armonía con la naturaleza

A partir de entonces, decidí descubrir esa naturaleza salvaje, que para mí, era un regalo. Comencé a caminar por los parques, a hablar con las ardillas, patos y conejos y hasta grabar mi encuentro con un enorme alce en la autopista Banff-Calgary.

En tres años y unos meses que llevo aquí,  estoy convencida de que esta ciudad nos ofrece cada día lecciones de ecología que debemos internalizar y expandir en nuestros países de origen.  Calgary es una impresionante ciudad pensada, diseñada y levantada para convivir dentro de un gran parque silvestre, con extremo cuidado de sus elementos: aire, agua, flora, fauna y tierra. En primavera, verano y otoño  me he impregnado de sus coloridos paisajes y de sus olores a pétalos recién abiertos, a tomillo, a romero, y frecuentemente, hasta de zorrillo.   Mi pasatiempo favorito es caminar, sentarme en una piedra junto al río, quitarme los zapatos y las medias, y poner mis pies bajos esas frías, pero reconfortantes aguas. Igualmente, adoro observar las familias de ánades en el agua, los dulces castores, que asumo como mis chigüires, y lo más importante, hablar con todos ellos, al igual que con los conejos y las ardillas. Hace unos días, por cierto, el sábado 07 de septiembre de 2019, sentada al borde de una jardinera, en la salida de la estación del tren del noreste, me encontré con una manada de bebés ardillas. ¡¡¡Difícil describir la emoción,  la dicha que sentí cuando los vi!!!.  Lo cierto es que, por instinto de conservación, ellos huyen de las personas. Pero para mi asombro, dos de esos bebés se me acercaron, levantaron sus paticas, me miraron y creo que me sonrieron,  para luego brincar a mi brazo izquierdo. Literalmente  ¡Me iba a morir de felicidad!

Esto es Calgary

Definitivamente, el impacto mayor para mí, es la hermosa convivencia de esta sociedad con la naturaleza. Además de la enorme variedad de flora, que me conformo con admirar pues desconozco todo sobre esta área del conocimiento,  los días y las noches siempre están acompañados de gaviotas, búhos e innumerables tipos de aves, infinidad de familias de ciervos y hasta exuberantes alces….   Y lo fascinante es que con sólo recorrer unas 20 millas, luego de cualquiera de los linderos de la ciudad, nos podemos topar con un lobo, una cabra de monte, un zorro, un lince, y lo más anhelado por mí, unos osos cachorritos. ¡Claro, fuera de la vista de los padres! 

Esta etapa exploratoria y cautivadora duró alrededor de seis meses hasta que mi condición como refugiada fue aceptada y comencé a estudiar inglés.

Fase II La Realidad y mi Percepción de esa Realidad

Mi etapa como estudiante

Mi reto ahora, era entender, poder hacerme entender y comunicarme lo mejor posible en el nuevo idioma. Creo que he logrado en parte llenar mis expectativas, aun cuando me falta mucho por hacer. He estudiado muchísimo, pero me quedan lagunas de comprensión, lagunas de pronunciación y lagunas de fluidez por resolver. La conversación en inglés se me dificulta mucho, aunque la escritura la puedo dominar más fácilmente. La traducción la he convertido en un juego que disfruto casi día a día, mientras que para la conversación, necesito práctica, práctica y más práctica, y lo más difícil por ahora, buscar con quién practicar. Ja ja ja

Carmen Sofía de La Torre con su familia en Calgary

Esta etapa de estudio ha sido uno de los momentos más placenteros de mi vida, tanto desde el punto de vista del conocimiento, como desde el punto de vista de las relaciones sociales que he podido atesorar. Me he sentido francamente unida, he amado, valorado y agradecido infinitamente a mi escuela y a mis profesores. El YMCA, el Bow Valley College y el Calgary Immigrant Educational Society han sido mis templos de enseñanza, dónde he tenido el privilegio de contar con Marta, Carol Kaar, Celia Logan y Larry Aguilar, quiénes me han procurado no tan sólo una enseñanza sobre los aspectos puntuales del idioma y de un oficio, sino que me han brindado su apoyo, su tolerancia, su comprensión y su bondad, en el logro de las metas académicas que me propuse.

En año y medio de escuela, igualmente, he entendido, asumido y ejercitado el contacto y la amistad con compañeros de diferentes nacionalidades, culturas, lenguas, formas diversas  de ser y de pensar. El lejano, el medio y el cercano oriente. China, Japón, Filipinas, Vietnam, Corea (Norte y Sur), India, Nepal, Tailandia, Cachemira, Siria, Jordania, Líbano han estado a “la portée de ma main”, así como  los colores y sabores de Egipto, de la Costa de Marfil, de Eritrea, de Etiopía, de Algeria, de Tanzania, de Ghana; sin pasar por alto la cultura del Viejo Continente y la rumba sonora, caliente, vibrante y perenne de mi gente latinoamericana. Ello constituye, en suma, la riqueza más preciada de este pequeño universo y mi mayor y mejor aprendizaje. Algo más, he reforzado mi inquebrantable convicción de que hay gente maravillosa en todo el planeta y que las etiquetas, los falsos prejuicios, la generalización, los repetidos clichés; opacan y reducen nuestra posibilidad de crecer y de vernos como seres humanos hermanos.

Pero, a estas alturas:

¿Cómo puedo identificar y caracterizar físicamente a esta ciudad?

Rápidamente, Calgary, la ciudad vaquera (cowtown) es un centro financiero de importancia en Canadá, además de ser una metrópoli cosmopolita, dónde cohabitan cerca de un millón 300 mil personas de todas partes del planeta. Es la punta derecha del puente que conecta el país con el mundo asiático a través del Pacífico. La punta izquierda está ubicada en la ciudad de Vancouver.  La ciudad, localizada en el suroeste de Canadá, entre las provincias de Colombia Británica y Saskatchewan (capital Regina), a unos 4 mil y tantos kilómetros de Montreal,  es un espacio geográfico de colinas y altiplanicies, erigido entre el pie de las Montañas Rocosas y las praderas canadienses. Su clima seco y sus  suaves temperaturas, entre 12 y 22 grados, durante ocho meses al año, aproximadamente, están favorecidos por los vientos del “Chinook”, que entibian las laderas de las citadas montañas, dejando deslizar las templadas corrientes de aire hacia la ciudad. Está considerada como una de las urbes con mayor calidad de vida en el mundo, así como una de las más limpias, amén de ser famosa por sus históricos rodeos, en especial, el festival anual de “Stampede” que atrae a miles de turistas, durante las dos primeras semanas de julio. Su economía depende básicamente de la industria petrolera, del turismo, de la agricultura y de la ganadería (Enciclopedia Wikipedia).

Los espacios naturales abundan en esta ciudad canadiense

Para mí, Calgary es sol en invierno aunque las temperaturas caigan a menos de 40 grados. Pero, Calgary es ante todo gente sonriente, gente que saluda, es gente que ayuda y gente que guarda celosamente la distancia. Debo confesar que la última característica ha resultado mi verdadero choque cultural, que por obra de gracia, he superado sin perder en lo absoluto mi calor tropical. También hay gente (muy pocos, a mi juicio), que nos mira de arriba abajo, que nos menosprecia, que nos manda a limpiar baños y a lavar platos, porque sólo para eso servimos los inmigrantes. A esos pocos que me he encontrado en el camino, les debo agradecer con toda humildad, el reto que me han planteado, porque ese reto me ha alentado a vencer barreras  y a demostrar que sí puedo. Algunas de esas personas son amigos queridos hoy. Simplemente, se sorprendieron de que hubiese algo más interesante de lo que yo fuese capaz.

Fase III La Decepción

Un Trabajo en el que no dejo de Soñar

Desde antes de salir de Venezuela, mi intención fue venir a trabajar en Calgary. Tenía muy claro que necesitaba ingresos y que no quería ser una carga para nadie. Mi opción más lógica fue entonces, pensar en la docencia como profesora de español en colegios de primaria/media. Pero, había un trasfondo más importante allí, mi deseo tácito de experimentar parte de un novedoso proyecto educativo del que me siento enamorada, desde que oí a su mentor explicarlo.  A tal efecto, me traje un expediente original de mis documentos certificados, apostillados y algunos originales en francés.  Al intentar concursar por un cargo en el área, la primera vez; la institución me solicitó pedir la homologación de dichos documentos ante el Despacho de Educación de Alberta, dada la obligatoriedad para cualquier docente de formar parte de la entidad y así poder trabajar legalmente en la Provincia. Debo señalar con toda responsabilidad que llené una planilla con una lista de requerimientos para optar por dicha homologación. Tres o cuatro meses más tarde, recibí una comunicación de la Institución en la que se me negaba la equivalencia por la “omisión” un documento del Ministerio de Educación de Venezuela que certificara que yo había trabajado como docente de educación primaria/media en el país. Dicho requisito no estaba previsto en la solicitud que yo había enviado precedentemente. Por otra parte, no podía tener acceso a ese documento, primero porque había sido docente universitaria (como constaba en la certificación de cargos de la Universidad de Los Andes, apostillada y traducida al inglés), y segundo, porque con mi status de refugiada no podía tener ningún tipo de relación con el Gobierno venezolano. Por lo tanto, sólo me quedaba la opción de estudiar Educación de nuevo.

No estudié Educación, pero afortunadamente en mi último curso de inglés académico,  casi todo mi trabajo de investigación estuvo centrado en ese proyecto del cual no me puedo desligar, y que de manera informal, tengo el privilegio de practicar, bajo ciertas adaptaciones, con personas mayores que están comenzando a ejercitarse en el nuevo idioma.

FASE IV LOS REAJUSTES

Mi reacomodo para sobrevivir

Dada la situación, decidí explorar otras posibilidades con academias privadas y con otras instituciones que ofrecieran la enseñanza del  idioma castellano o la tutoría en el mismo, pero no logré conseguir lo que estaba buscando.

No obstante, hasta el día de hoy, no me he dado por vencida en mi empeño por enseñar. Trabajo como voluntaria en la organización sin fines de lucro CIWA (Calgary Immigrant Women’s Association, dónde comparto con otras inmigrantes la planificación, las estrategias, los recursos y la ejecución de clases de conversación básica en inglés. Asimismo, y con gran orgullo, trabajo voluntariamente como traductora de español-inglés-español con la organización internacional CUSO. Pero, también he vuelto a mi vida profesional. He tenido el placer inmenso de asesorar una tesis de posgrado y ahora escribo para la página web “sinfronterastoday”.

Ahora bien, ¡¡¡la necesidad primaria impera!!!  Afortunadamente, mi hermana y mi cuñado  me pidieron que los ayudara en su negocio. Así pues, he pasado muchas horas haciendo arepas y vendiendo con ellos.  Y aquí, debo manifestar mi honda satisfacción y mi orgullo con esta nueva tarea que otrora no hubiese pensado. He disfrutado, he conocido y compartido con muchísima gente el platillo más popular de mi país. En pocas palabras,  he experimentado algo realmente genial para mí. Además, a ellos les debo mi subsistencia porque han repartido conmigo ese ingreso que para la familia implica la manutención de cinco personas (incluida yo) y el pago de un sinnúmero de compromisos que demanda un emprendimiento, por muy pequeño que sea.

Mi Balance en Calgary

Una experiencia riquísima que me ha permitido seguir creciendo como ser humano. Cuando dejé Venezuela, renuncié a todo lo que había sido, vivido, tenido, querido, amado. Todo quedó atrás.  A los 65 años, de pronto, me enfrentaba a un inusitado desafío, quizás el más importante a lo largo de mis años: empezar a vivir. Aquí, necesariamente, tengo que hacer un paréntesis para agradecer infinitamente a mi  hermana y a mi cuñado la oportunidad que me dieron, de venir a este lugar. Ellos me sacaron literalmente del país.

Y desde mi llegada, tuve que aprender aceleradamente. Tuve que entender en horas, cómo llenar una solicitud de refugio en un idioma extranjero. Sólo contaba con unos 30 días para escribir mi historia, recoger pruebas, traducirlas y certificarlas, además de cerciorarme de la cronología y de la coincidencia de fechas y de testigos de un determinado evento. Por suerte, me quedaba algo del idioma francés en la retaguardia, recurso que utilicé de la mejor manera posible, y que luego fue pulido por mi hermana. ¡Ni pensar en los servicios de un abogado, simplemente, no tenía dinero! ¿El resultado? La admisión.

Ahora bien, no niego los momentos de dolor, de impotencia, de lágrimas, de tristeza, de ganas de salir corriendo. Todo ello forma parte de nuestras vivencias, pero creo que la vida me ha enseñado relativamente cómo canalizar los sentimientos negativos. He sobrevivido emocional y afectivamente, mediante una sonrisa y mediante la carga energética de mi parque mágico. He sobrevivido con algo de ese humor ancestral del venezolano. He sobrevivido con la música, con el yoga, con la meditación y con la ayuda a los otros. He sobrevivido con la visión de un mar y de un cielo azulísimos, con las ganas de aprender y de aprender, de hacer cosas y de alimentarme espiritualmente. Cada puerta que aparentemente se ha cerrado me ha hecho aferrar más a mis sueños y a construir una nueva realidad, que decididamente me ha blindado contra la adversidad. Más aún, sigo enamorada, sigo fantaseando, sigo bailando con la Billo’s Caracas Boys…

Tres años y unos meses después, estoy feliz porque esa ha sido mi opción. He demostrado que puedo y que mientras hay vida y salud, la lucha sigue y la necesaria formación es un deber. Nada ni nadie nos puede detener, menos, cuando en el horizonte nos espera un futuro ávido de construcción, de conocimiento, de paz, de libertad, de amor, de hermandad. Aunque dejé todo atrás, no olvido de dónde vengo, de quiénes surgí y a quiénes me debo.

Sigo pensando, reflexionando y trabajando para continuar con mis sueños. No sé si los veré, pero de lo que sí estoy segura es de que no los dejaré mientras el aliento me acompañe.

Y para terminar, les cuento que estoy buscando trabajo. Con el permiso de Misael, les dejo una lista de mis  actitudes y de mis recientes aptitudes

Aptitudes                                                                   Actitudes

Enseñanza de los idiomas castellano e inglés                 Cultivo de la Inteligencia emocional

Comprensión, conversación, lectura y escritura                         Capacidad de trabajar en equipo e independiente

Manejo de grupos y enseñanza personalizada                              PACIENCIA

Uso de pizarra virtual                                                                          CALMA PARA RESOLVER CONFLICTOS

Dramatización, juegos, descripción                                 Tolerancia

explicación e interpretación                                                              Respeto

de situaciones,                                                                                     Valoración de la diversidad

comprensión auditiva y lectora

composición de textos

Traducción castellano-inglés-castellano

 COMO INMIGRANTE

Limpiar casas, lavar baños. Persona de mente abierta, dispuesta a APRENDER, APRENDER Y APRENDER CADA DIA

4 comments on “Calgary (Canadá) vista por una inmigrante venezolana

  1. Dario Campos

    Prima te deseo todo el éxito que mereces. Un gran abrazo afectuoso para toda la familia. Se les quiere un mundo
    Darío y familia

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  2. Liliana González

    Mi querida profesora, después de disfrutar leyendo lo que ha sido este replanteamiento de vida, sólo me resta darle las gracias. Las gracias, por mostrarnos un nuevo ángulo de lo que muchos tal vez hemos pasado desde que salimos de ese pedacito de mundo, llamado Venezuela, No somos lo que fuimos, pero estoy convencida que día a día seremos mejores, porque hemos aprendido a valorar y a aferrarnos a esa cosa extraña, fascinante y vibrante que es ser venezolano.
    Nos cambió la vida a todos: a los que tuvimos que emigrar y aprender de nuevo cómo salir adelante, y a los que siguen allá, batallando con una realidad que jamás imaginaron. Hoy todos estamos en tierra ajena.
    Como usted me siento orgullosa de lo logrado, fuera de las aulas y el periodismo, pero con unas ganas increíbles de disfrutar las cosas hermosas que nos ofrecen las tierras que nos están recibiendo.
    Gracias de nuevo, por motivarme a escribir y a pensar en que todo lo que se ha hecho, ha valido la pena.
    Un abrazo desde Chile.
    Su alumna,

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